Con anticipación revelaste, oh Dios, a nuestros padres lo que iba a suceder la noche de la primera Pascua, para que cobraran ánimo al saber con certeza en qué promesas tenían puesta su esperanza. Tu pueblo esperaba, pues, aquella noche, y con ella la salvación de los inocentes y la perdición de sus enemigos. Porque esa noche nos ibas a glorificar llamándonos a nosotros y castigando a nuestros adversarios. Por eso aquellos justos, herederos legítimos de los patriarcas, ofrecieron un sacrificio en sus casas, y de común acuerdo se comprometieron a cumplir tu ley divina y a compartir por igual ventajas y peligros. Y desde entonces, recordando a nuestros padres, te entonaron himnos. «Palabra de Dios. Te alabamos Señor»

SALMO RESPONSORIAL

Sal 32(33), 1+12. 18-19.20+22

R/. Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.

Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. /R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. /R.

Nosotros esperamos en el Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. /R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos: La fe es la que nos garantiza los bienes que esperamos, la que nos permite conocer las cosas que no vemos todavía. Gracias a ella gozan de buen nombre nuestros antepasados. Por la fe Abrahán obedeció el llamamiento de Dios y se puso en camino hacia la tierra que iba a recibir en herencia, a pesar de no saber a dónde iba. Por la fe llegó a vivir como extranjero en la tierra prometida, acampando en tiendas de campaña; y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de idéntica promesa. Pues esperaba llegar a la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe, y a pesar de su vejez y esterilidad, también Sara fue capaz de tener un hijo, porque creía que aquel que le había hecho la promesa la cumpliría. Y así, de un solo hombre, y en cierta manera ya sin vida, nació una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena incontable de la orilla del mar. Con fe murieron todos ellos, sin lograr establecerse en la tierra prometida, sino solo viéndola y saludándola de lejos y reconociendo que eran peregrinos en tierra extranjera. Los que así hablan, es claro que van en busca de una patria. Ahora bien, si lo que sentían era nostalgia, tuvieron tiempo suficiente para volver a su tierra. Pero no: lo que ellos buscaban era una patria mejor, es decir, la del cielo. Y como era Dios quien les había preparado una ciudad, no tiene reparo en que lo llamen su Dios. Por la fe Abrahán, cuando Dios lo puso a prueba, ofreció a Isaac. Lo que iba a ofrecer en sacrificio era su único hijo, el hijo que Dios le había prometido al decirle: «Por Isaac tendrás descendientes.» Pero pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Por lo cual volvió a recibir a su hijo, en una especie de presagio. «Palabra de Dios. Te alabamos Señor»

EVANGELIO

«Permanezcan en vela y preparados, porque a la hora menos pensada vendrá el Hijo del hombre.»

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 32-48

Enseñando Jesús a sus discípulos, les decía: «No temas, rebañito mío, porque su Padre tuvo a bien darles parte en su Reino. Vendan sus propiedades y den limosna. Consigan provisiones que no se pierdan, riquezas en el cielo, que no se acaban, porque allí no hay peligro de ladrones ni polilla que destruya. Pues donde esté su riqueza, allí estará su corazón. «Estén preparados y con las lámparas encendidas, como haciendo guardia de noche. Pórtense como quienes aguardan a que su amo vuelva de la boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el Señor, al llegar, encuentre esperando despiertos! Les aseguro que entonces será él quien se prepare, y los haga sentar a la mesa y se ponga a servirles. ¡Felices si los encuentra así el Señor aunque llegue a medianoche o antes del alba! Tengan esto presente: si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no lo dejaría meterse en su casa. Ustedes también estén preparados, porque a la hora menos pensada vendrá el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó: «Señor, ¿con esta parábola te refieres a nosotros o a todos?» Y el Señor le respondió: «Me refiero al administrador fiel y solícito a quien el Señor ponga al frente de la servidumbre para que oportunamente den a cada uno su comida. ¡Dichoso ese servidor, si al volver el señor a la casa, lo encuentra cumpliendo su deber! De verdad les digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el servidor se pone a pensar: `El Señor se demora en llegar’ y empieza a maltratar a los sirvientes y a las muchachas, a comer y beber y a emborracharse, volverá el Señor el día menos esperado y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo condenará a recibir el castigo de los desobedientes. «Al sirviente que sabe lo que su amo quiere, y no se preocupa por hacerlo, le darán muchos azotes. Al que no lo sabe, y hace cosas que merecen castigo, le darán sólo unos pocos. Al que mucho recibió, mucho se le pedirá; al que mucho se le confió, más le exigirán.» «Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús»

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