Compartir:

Jesús, el Mesías, era esperado por muchos que querían ver realizada la promesa de un descendiente de David cuyo reino duraría para siempre. El reino que ellos esperaban debía colmar los anhelos de justicia, paz y amor, pero no vieron en Jesús lo que buscaban; nosotros sí, pues sabemos que el Reino de Dios está vigente, que es perpetuo y que si cada uno de nosotros se compromete con él, el amor, la paz, la justicia y el perdón se harán presentes.

Todos somos llamados a prolongar el Reino de Dios; no podemos ser indiferentes a esta misión que compete a los creyentes donde quiera que se encuentren. Cada Navidad es la ocasión propicia para renovar nuestra fe en Dios Padre, quien envió a su Hijo al mundo, y que por la acción del Espíritu Santo actúa con todas sus gracias y bendiciones en medio de nosotros.

La Navidad no puede reducirse a las celebraciones “decembrinas”; aunque coinciden, son muy distintas. Esta coincidencia es necesaria: diciembre es un mes donde normalmente se puede compartir con la familia y algunas personas disfrutan de sus días de descanso; entonces, lo que Dios desea es que compartamos según el espíritu de la Navidad, y que sintamos que Jesús nace en cada persona, sin importar su educación, credo o raza. Él no vino a colocar barreras o muros entre las personas, sino a erradicar toda división que impide que nos amemos.

Hermanos, celebremos esta Navidad desde la fe porque la cercanía de Dios se hace más palpable cuando abrimos nuestras vidas y acogemos al prójimo cuando nos necesita. Navidad es tener un puesto más en la mesa, es dejar un regalo más en el árbol y compartir tiempo con alguna persona que vive en soledad. De esta manera es como reina el Dios-con-nosotros, el Mesías esperado que tomó carne y nació en un pesebre. Preparémonos durante el Adviento y aguardemos con ansias y alegría la encarnación del Hijo de Dios, nuestro Salvador. ¡Feliz Navidad!

En Familia, Minutos de Amor.

 

TeólogoEditorialesJesús, el Mesías, era esperado por muchos que querían ver realizada la promesa de un descendiente de David cuyo reino duraría para siempre. El reino que ellos esperaban debía colmar los anhelos de justicia, paz y amor, pero no vieron en Jesús lo que buscaban; nosotros sí, pues sabemos...Tu adoración diaria al Santísimo - Manual de oración y formación católica
Compartir: