COMO NUEVO ISRAEL, CAMINEMOS HACIA LA SALVACIÓN
Hermanos, en este mes de diciembre, la Iglesia nos ha estado llamando a purificar nuestra memoria y nuestra alma, para que seamos agradecidos con Dios y podamos cantar su venida gloriosa. Hoy comenzamos la Novena de Aguinaldos y mañana la segunda parte del Tiempo de Adviento, en el que nos disponemos con más intensidad para la venida del Señor. Por eso, preparamos el corazón, limpiándonos del pecado y siguiendo el camino de conversión. La alegría de recibir al Niño Jesús no se encierra en un solo pueblo, sino que se quiere contagiar a todos; esta es una tarea que no queda en manos nuestras, sino en las del Espíritu Santo. Los creyentes tenemos, como san Juan Bautista, la misión de anunciar el Evangelio, para que Cristo encuentre un pueblo bien dispuesto, sobre todo a través de la Eucaristía, la catequesis, las pastorales, retiros espirituales y el testimonio del martirio. En todos los ambientes debemos ser misioneros y apóstoles, pero uno de los más importantes es el de la familia. El mejor regalo que les podemos dar a nuestros hijos es un buen ejemplo de cómo seguir a Dios y su Palabra; no podemos criarlos en la indiferencia o en la tibieza espiritual. Brindémosles un ejemplo de amor, caridad, misericordia y comprensión.






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