SE ACERCA EL DÍA DEL SEÑOR
Hermanos, desde la fe contemplamos la proximidad de un día grande, que llega con sencillez para nuestros ojos pecadores, pero que los ángeles del Cielo celebran con gran regocijo. El día del Señor llega para purificarnos y exige una preparación como la que la Iglesia nos ofrece en cada Adviento, una disposición a través de la Eucaristía, la oración, el propósito de conversión y la caridad, que nos permita descubrir la Voluntad de Dios. Hoy en el Evangelio, vemos la alegría alrededor del nacimiento de Juan, algo que va más allá de lo que ocurre en cualquier familia, pues no es solo el nacimiento de un niño, sino el cumplimiento de las promesas de Dios. Hoy es tiempo de recordar en familia cómo Dios ha hecho grandes cosas en nosotros, de qué enfermedades nos ha sanado, de qué vicios nos ha sacado, en qué situaciones difíciles nos ha acompañado, cómo nuestra familia se ha restaurado y fortalecido con su gracia. Nada de lo que hemos logrado, lo hicimos por nuestros propios méritos, sino apoyados por la gracia de Dios. Debemos reconocerlo y, así como Juan el Bautista, disminuir nosotros para que Jesús sea el protagonista. Pidamos a Dios que el Niño Jesús nazca en nosotros para que seamos personas nuevas; que con su ayuda podamos vencer todo aquello que nos impide vivir el espíritu de la Navidad y no nos permite ser una auténtica familia cristiana.






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