CONSAGRADOS CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU SANTO
Amados hermanos, diciembre a veces es tiempo de nostalgia para quienes están lejos de su familia, están enfermos, refugiados, encarcelados, con turnos de trabajo incómodos, desempleados, con deudas o recién separados, pero esas tristezas no deben robarnos la oportunidad de compartir la esperanza con quienes están a nuestro alrededor. En medio de las dificultades, Dios siempre nos manifiesta su amor y su bondad. Es Él el que nos da la fuerza para soportar la soledad, el abandono, la enfermedad y el dolor por la partida de un ser querido. En esta Navidad, no pensemos en lo que no tenemos, sino en aquello que el Señor nos ha regalado. Tal vez nuestra familia esté lejos, pero la tenemos; estamos sin trabajo, pero Dios no nos ha desamparado, y nos ha dado el calor de una familia. Recordamos a un ser querido fallecido, pero damos gracias por sus enseñanzas y por los que aún tenemos. Recordemos que el Adviento es un periodo de preparación, igual que la Cuaresma; por eso, no debemos refugiarnos en el consumismo, ni en el trago, ni en el despilfarro, sino que debemos perseverar en la oración, buscando la fortaleza espiritual. Dios nos sorprende y nos deja ver su gloria con nuevos milagros, y espera que nosotros seamos solidarios con quienes están pasando mal este Tiempo de Adviento. Cuando dejamos que Dios sea la única autoridad en nuestra vida todo cambia para mejor, encontramos la manera adecuada de resolver los problemas, porque Él se glorifica en nuestras vidas.






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